Resulta que a principios del Siglo XX, la industria de la música eran básicamente los compositores. Una vez componían y escribían en los pentagramas, hacían copias mediante imprenta, que vendían a los intérpretes.
La tecnología avanzó y llegó la posibilidad de grabar música, con lo que los intérpretes empezaron a grabar sus actuaciones, recibiendo acusaciones por parte de ‘la industria’ de compositores, acusándoles de piratear sus partituras.
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